Autorreflexión: ser conscientes de lo que vivimos

El final de cualquier etapa o ciclo es siempre una invitación a la autorreflexión: ser conscientes de lo que vivimos, rescatar los aprendizajes y evaluar cómo nos fue a lo largo de ese proceso. Esta etapa puede referirse al cierre de un año, una relación, un proyecto o incluso una etapa personal.

Reflexionar sobre lo vivido

  • ¿Qué aprendiste?

  • ¿Qué te hizo crecer o avanzar en tu camino personal o profesional?

  • ¿Qué patrones se repitieron y aún no lograste soltar?

Muchas veces, los cambios más significativos no se manifiestan externamente, sino como transformaciones internas. Tal vez durante este ciclo sembraste algo que dará frutos en el futuro o pudiste observar los resultados de un trabajo interior que venías realizando desde hace tiempo.

Identificar necesidades y ajustes

La autorreflexión también puede revelar la necesidad de poner límites o realizar cambios que has pospuesto. Estos ajustes pueden ir desde pequeños hábitos de autocuidado hasta decisiones trascendentales como un cambio de carrera, mudanza o transformación personal.

Lo importante no es el tamaño de los eventos vividos, sino la información que te dejaron y cómo te sientes hoy en relación con ese ciclo. Mirar al pasado no busca encontrar culpables, sino entender cómo llegaste a tu estado actual desde una perspectiva de aprendizaje.


Tres etapas para cerrar un ciclo:

  1. Introspección
    Este es el primer paso: observar con atención el panorama de lo vivido. Tómate un momento para describir lo ocurrido, revisa tu agenda o diario, y recuerda quiénes formaron parte de esta etapa. ¿Qué momentos fueron clave? Visualiza esta información como piezas de un rompecabezas que te ayudarán a armar la imagen completa del ciclo.

  2. Autoevaluación
    Con la información recopilada, pasa al análisis. Este no debe hacerse desde el juicio, sino con la intención de identificar:

    • Cómo te sentiste: ¿Qué emociones se activaron? ¿Qué permanece estancado o qué lograste liberar?

    • Qué aprendiste: Reflexiona sobre los aprendizajes más valiosos de esta etapa y cómo te transformaron.

Este proceso también permite reconocer emociones no resueltas y cómo estas podrían estar afectando tu presente. Por otro lado, evalúa lo que lograste transformar y cómo eso te hace sentir más segura y centrada hoy.

Recuerda que cada experiencia puede interpretarse desde dos perspectivas: el drama o el aprendizaje y la transformación. Elige conscientemente cómo deseas verla.

  1. Agradecimiento
    Este es el cierre más poderoso. Una vez que observaste y evaluaste lo vivido, el agradecimiento transforma tu perspectiva. No se trata de ser conformista, sino de reconocer, desde el corazón, las lecciones y experiencias que te llevaron a este punto. Incluso los momentos difíciles tienen algo que enseñarnos.


El propósito de este proceso

Este ejercicio nos ayuda a trazar el camino hacia la siguiente etapa. Si no sabemos de dónde venimos, es difícil definir hacia dónde queremos ir. Reflexionar sobre lo aprendido y reconocer nuestras capacidades actuales nos permite establecer metas reales y alcanzables, sin dejar de soñar en grande.

Cada ciclo, ya sea un año, una relación o una transformación personal, nos da la oportunidad de crecer. Este proceso de autorreflexión no solo debe hacerse al final del año, sino al cierre de cualquier etapa significativa, como el fin de una relación, un cambio de trabajo o el inicio de la maternidad.

Aprovecha cada cierre como una oportunidad para conocerte mejor, soltar lo que ya no necesitas y avanzar con mayor claridad hacia el futuro.

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